Todo empezó porque mis tíos y primos estaban pasando unos días en el club “El Bosque” en Chosica, una ciudad muy cerca de Lima pero subiendo hacia la sierra (montaña) del departamento de Lima. Era año nuevo y mi hermana Rocio estaba con ellos y me invitaron a pasar unos días con 2 amigos más así que tomé mi carro y subimos a pasar un par de días con ellos, era el 2 de enero de 1999.
Cuando llegamos al club El Bosque, mi hermana Rocio y mi prima Andrea nos llevaron a la piscina para aprovechar el sol antes que se haga tarde, era verano y no podíamos perder ni un rayo de sol. Al estar recostados junto a la piscina, un chico y una chica se nos acercan y nos dicen:
“hola chicos, ¿ustedes son socios del club?”- tendrían entre 25 y 28 años.
“Si” respondimos sin titubear.
“Genial, no se si quieren participar de un curso de líderes que hacemos en la zona de las cabañas, es un campamento que se llama el fortín, ¿lo conocen?” Comentó ella casi sin respirar y muy entusiasmada.
“No, no conocemos” comentamos mientras nos mirábamos las caras.
“Bueno, les comento, es abajo de todo el club, cruzando el túnel bajo la carretera. Realizamos un curso de líderes para jóvenes que deseen ser líderes y dirigir los campamentos que se realizan durante todo el año en el Fortín. Ustedes están en la edad perfecta para participar”
Yo escuchaba todo sin mucho interés, imaginaba que todo eso era más para jóvenes como mi hermana.
Y continuaron explicando, esta vez el chico “Si, hay que realizar el curso durante 8 fines de semana para obtener el título de líder y poder apoyar en los campamentos siguientes. Les aseguro que les va a gustar, es un mundo diferente”
y mi prima preguntó “¿y cuanto cuesta?”
“Nada, es gratuito para los socios!! solo nos dan el número de socios y listo, ya estarían inscritos” y yo les dije “pues tenemos un problema, aquí solo Andrea es socio, los demás somos primos e invitados” y la chica responde “mmm pues no se preocupen, a todos les ponemos el apellido de Andrea como si fuesen socios y listo, no revisarán nunca esto”
Todos estaban animados, emocionado por querer participar pero yo tenía dudas, habían muchas cosas que pensar, hacer y coordinar antes de decidirlo. Teníamos que asistir 8 findes de semana, los de enero y febrero, teníamos que subir en mi carro y además teníamos que pedir permiso a nuestros padres, sobre todo hablar con la madre de mis amigos para que les dejen venir, todo eran “peros” y muy complicados.
Los chicos del campamento parecían muy animados, querían convencernos de cualquier forma y yo les dije que seguro que esto era para más jóvenes y ella respondió diciendo que había personas de todas las edades, que no hay límites de edad.
Pensé, ¿que podíamos perder?, al final esta era una oportunidad de conocer mas gente, justamente lo que necesitaba para cambiar un poco la monotonía que llevaba. Además todos me presionaban diciéndome que yo podía convencer a la madre de mis amigos, a mis tíos y a mis padres y que si yo venía seguro que aceptarían todos los padres. No podía negarme así que acepté.
El primer día del curso, viernes 8 de enero de 1999, llegamos sobre las 8:00 pm, mi carro lleno de nuestras mochilas con lo justo para quedarnos en el campamento 2 noches seguidas. En un lugar había una decenas de casitas de campo hechas de troncos de maderas, una muy separada de la otra, jardines muy verdes al rededor, el río a lado de las cabañas y un gran árbol al centro del gran jardín que albergaba las cabañas. Además una zona de cocina con comedor y baños amplios, un patio mediano con una piramide de troncos armados para una gran fogata, toda construcción estaba forrada de troncos de madera dando un ambiente imposible de olvidar, un verdadero FORTIN y de ahí su nombre, Campamento “El Fortín”
En todo el gran jardín había personas de muchas edades, me impresionó mucho ver gente de mi edad e inclusive mayores, eran los líderes que dirigían el curso y los campamentos que se realizaban en el fortín cada fin de semana. Luego de un momento se escuchó un silbato muy fuerte y una voz llamándo para reunirnos de forma ordenada mirando todos hacia la puerta principal del salón–comedor del campamento. Los nuevos mirábamos de un lado a otro para darnos cuenta quienes eran los antiguos (y era muy fácil de reconocernos porque estábamos con cara de sorprendidos, por no decir con cara de tontos por estar en un lugar nuevo), y los dirigentes y líderes antiguos estaban muy alegres de tener gente nueva y con mucho entusiasmo.
De pronto se oye una voz gruesa y cortante, “Bienvenidos a todos” era el director del campamento, “de forma ordenada vamos a pasar al salón y sentarnos en circulo, sobre las mesas (esas mesas especiales para campamentos) y todos mirando hacia el centro” y al entrar las mesas estaban ordenadas haciendo un circulo muy grande.
Nos sentamos en las sillas y sobre las mesas tal como nos lo pidieron. Mi hermana, mi prima y mis 2 amigos estábamos todos juntos. Con mis amigos empezamos a hablar sobre quien era, para cada uno de nosotros, la chica mas guapa del lugar. Paulo me señaló una chica bastante guapa, una chica de su edad aproximadamente y al parecer era nueva también mientras que José, que era el menor, solo se reía y bromeaba con los chicos de su edad que ya había conocído. En un momento le dije a Paulo que no creo que exista la chica para mí en ese lugar y me empezó a señalar (sin que nadie lo note) a diferentes chicas para mi y yo negaba con la cabeza porque no me atraía ninguna, todas parecían menores para mi.
Las charlas empezaron para los participantes, nos explicaron en que consistía el curso liderazgo, era un curso inicial para tener el nivel de “Lider Aspirante” y poder formar parte del grupo de líderes para dirigir los grupos de chicos, jóvenes y niños que vienen a pasar el fin de semana en las cabañas y disfrutando de las muchas actividades que se realizaban en grupo y en una zona de naturaleza, fuera de la ciudad, sin ruido, humo ni tecnología. Ahí solo existía la naturaleza, diversión, actividades en grupo y mucha amistad. Claro que dentro de las cabañas de madera, habían colchones y mantas para dormir adecuadamente, pero aún así el ambiente era de cabañas perdidas en el bosque.
De pronto, en todo ese circulo de personas, bullicio y entusiasmo, el director presenta a alguien para enseñarnos una canción, no escuché su nombre pero ELLA sale al centro de todos y dice “Muy bien, ahora quiero que repitan conmigo, muy fuerte, lo que les voy a decir y bla bla bla bla bla“. Su sonrisa era impresionante, su mirada entregaba dulzura y su energía contagiaba felicidad. Mientras cantaba “Un capitán, de un barco inglés……..” yo la miraba, mis oídos solo oían los latidos de mi corazón y me preguntaba “¿Quien será?, ¿como se llamará?” y tuve la sensación, por un momento, que ella me había mirado y sonreído.
Continuará….