El Comité de Campamento, perteneciente al Country Club “El Bosque”, es una organización dedicada a fomentar y potenciar el crecimiento personal de niños y jóvenes, a través de actividades recreativo – educativas en un espacio que promueve la conexión con el medio ambiente. Cuenta con la instalación denominada “El Fortín”, construida en el año 1966 junto con los primeros sesenta bungalows, las piscinas y la cancha de bochas. “El Fortín” es una ciudadela única en el Perú, diseñada al estilo de un Fuerte Apache y destinada especialmente para la realización de campamentos.
Hablar de la historia de “El Fortín” es hablar de los inicios del club pues la práctica de esta actividad fue la que llevó a un grupo de personas a idear y llevar a la realidad lo que hoy en día es nuestro club. Los primeros campamentos se realizaron en lo que hoy conocemos como “La Zona Verde” muy cerca del lago y según cuentan los que participaron en ellos, fueron llenos de aventura, pocas comodidades, pero mucha alegría.
Un campamento es una experiencia que brinda la oportunidad de convivir en grupo y en contacto con la naturaleza de una forma recreativa, educativa y creativa. Utilizando el liderazgo y las fuentes naturales de los alrededores para contribuir mental, física, social y espiritualmente en el desarrollo de cada uno de los participantes.
La filosofía dentro del campamento “El Fortín” se basa principalmente, más que en un número de normas y reglas que deben ser cumplidas, en un clima de convivencia en el cual se desenvuelven diversos aspectos relacionados con lo que nosotros llamamos: Mística. La filosofía del campamento no sólo se constata a través de hechos específicos, sino también a través de una experiencia general que deja recuerdos inolvidables tanto para los acampantes como para quienes lo dirigen.
En primer término, es de suma importancia inculcar de manera práctica que el medio que nos rodea y en el que se convive es ajeno y propio al mismo tiempo. Esto implica que la cultura y costumbres propias, como las del lugar que nos acoge deben entrar en una relación de correspondencia que promueva y facilite la convivencia.
De suma importancia son todas las normas de seguridad que a su vez, se convierten en normas de vida durante los días que dura el campamento. Sin un ambiente seguro, física, psicológica y emocionalmente es imposible llevar a cabo una experiencia que puede considerarse “uno de los primeros pasos de los pequeños en el mundo real”, fuera de la esfera privada que representa el hogar. Esto no significa que los acampantes van a vivir restringidos a cuidados excesivos, por el contrario se promoverá la utilización guiada del criterio de cada uno para definir su accionar independiente.
El respeto forma parte crucial de nuestra misión. El respeto por los demás, el respeto por lo ajeno, el respeto a la naturaleza y especialmente el respeto a uno mismo. Este valor es fomentado en todo momento durante los días de campamento.
Es importantísimo que se cree verdadera conciencia en los niños de cosas tan simples como: no tirar papeles en el piso, limpiar su cabaña y no escribir en las maderas de las mismas, aprender a lavar la charola y cubiertos que utilizan para comer, no arrancar plantas simplemente por placer o juego, no botar la comida, no dejar las luces prendidas, querer el lugar que los acoge, etc. Todas estas pequeñas situaciones se pueden interiorizar y es justamente eso lo que crea la diferencia, lo que nos hace más sensibles al reconocimiento del otro, como referente principal de una vida socialmente deseable.
Otro aspecto muy importante es la creatividad. Este es un momento óptimo para poner la mente a volar, a través de actividades en las que los líderes y acampantes encuentren diferentes formas de crear, inventar y expresarse. Es por esto que se tiene que tomar especial atención en incentivar y desarrollar en los niños aquellas cualidades en las que se destaquen, incluso incentivarlos también en otros aspectos de su personalidad como la timidez, imaginación, falta de seguridad y confianza en sí mismos.
En resúmen, el Campamento “El Fortín” no solamente es un lugar poco convencional, donde un grupo de niños hacen un montón de actividades, se divierten y gozan como unos locos para llegar a sus casas cantando varias canciones luego de haber llorado en la despedida del último día. Somos bastante más que eso y si no es mentira que muchas veces hay que reír simplemente por reír, también es cierto que tenemos en nuestras manos un instrumento demasiado poderoso para influir positivamente en muchos niños. En cada actividad, en cada juego, en la cabaña antes de dormirnos, en cada situación y más aún en todos los campamentos debe existir un soplo educativo y formativo sin dejar de lado las carcajadas de risa. |
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